El Nuevo Herald (Miami)

Publicado el lunes, 25 de agosto de 1997 en El Nuevo Herald

MAX J. CASTRO


Batalla en California

Una campaña para iniciar un plebiscito destinado a eliminar la educación bilingüe en California es la primera batalla importante de la guerra para preservar la educación bilingüe en ese estado.

En los próximos meses, California se convertirá en escenario de una de las mayores batallas en la guerra a veces fria y otras supercaliente que en torno al bilingüismo se ha llevado a cabo en el país por más de quince años.

El primer disparo en la áspera contienda que se avecina lo disparó Ron Unz, activista republicano quien en 1994 aspirara infructuosamente a ser el candidato de su partido a la gobernación del estado, que ha comenzado una campaña de recolecta de firmas para iniciar un plebiscito con fines de eliminar la educación bilingüe en California.

La lucha es de suma importancia en la medida en que se trata del estado con el mayor número de inmigrantes y de latinos y porque en muchas ocasiones California anuncia lo que serán las corrientes futuras en la nación. En 1994, los electores de este estado aprobaron la Proposición 187, medida diseñada contra los inmigrantes indocumentados. En 1996, el Congreso federal superó el mal ejemplo de California al aprobar una ley contra los inmigrantes legales cuyas consecuencias aún padecemos. De igual forma, si los enemigos de la educación bilingüe logran desmantelar el ambicioso programa californiano, desde ese momento la educación bilingüe en el resto de la nación vivirá bajo amenaza de inminente extinción.

La guerra lingüistica comenzó en el condado de Dade en 1980 con la aprobación por plebiscito de la llamada ley anti-bilingüe. Después se extendió al ámbito nacional con la presentación de anteproyectos de leyes federales para declarar al inglés el idioma oficial y eliminar las boletas electorales multilingües. En 1983 se fundó la organización US English, la cual libra campañas incesantes contra el bilingüismo. Con la ayuda de dicha organización, en la década de los ochenta activistas de los estados de California, la Florida, Arizona y Colorado llevaron a cabo campañas exitosas para declarar al inglés como el idioma oficial.

Pero estas victorias resultaron huecas. En repetidas ocasiones los tribunales han declarado que las enmiendas constitucionales que proclaman el inglés como el idioma oficial son medidas simbólicas con escasa aplicación práctica. Simplemente declarar al inglés como supremo y oficial no resultó ser una medida eficaz, sobre todo para conjurar el fantasma del español, que amenaza con convertirse de facto en el segundo idioma nacional.

El ataque contra la educación bilingüe en California representa una escalada en el conflicto en tanto implica cambios sociales y culturales reales que van mucho más allá de la simple bofetada que resultaron ser las leyes de inglés como idioma oficial.

Los partidarios de abolir la educación bilingüe la tildan de ineficaz. Dicen que anualmente sólo el 5 por ciento de los estudiantes pasan al programa ``regular'' y por tanto consideran que la educación bilingüe tiene un promedio de 95 por ciento de fracasos. Es un argumento en extremo falaz y tendencioso que revela mucho sobre la credibilidad e intenciones de quienes lo proponen. Los programas bilingües de California están diseñados para una duración de varios años. La razón es que las investigaciones científicas indican claramente que los programas de larga duración son más eficaces, incluso para el aprendizaje del inglés, pero sobre todo si entre los objetivos se encuentran que el estudiante no se retrase y que desarrolle el conocimiento del idioma materno.

He aquí el meollo del asunto, más allá de la probable motivación personal de Unz de revitalizar su alicaída carrera política a la manera del gobernador Pete Wilson con la Proposición 187. Es decir, en base de una propuesta demagógica y de una agresión en contra de los intereses de los inmigrantes y de la comunidad latina.

¿Porqué esta campaña a contrapelo de toda evidencia y fundamentada en la mentira? Para sus enemigos, el problema real con los programas bilingües de larga duración no es su supuesta ineficiencia sino su eficacia potencial para impartir, a través del idioma, la identidad y cultura latina.

¿No se trata, como reza el manual para los pilotos de American Airlines, de una cultura que produce irresponsables que se emborrachan, arman escándalos, se retrasan siempre y son capaces de llamar para comunicar una alarma de bomba con tal de no perder su vuelo? De contra de que por cuenta de la inmigración tenemos que tragarnos a millones de esta gente en nuestra propia casa, ¿también debemos darles la oportunidad de utilizar la educación pública para transmitir sus dichosas costumbres a futuras generaciones de estadounidenses?

Aunque Ron Unz pretenda que su propuesta no tiene implicaciones antihispanas, esa pretención es otra de las falacias en que se basa su campaña. La batalla sobre la educación bilingüe en California será, más que un plebiscito sobre un método de enseñanza, un retrato del estado de la opinión pública con respecto al valor de una comunidad y de una cultura. El veredicto nos afectará a todos.