
A simple vista, Las Meninas parecen un cuadro evidente. Nos
encontramos en una habitación rectangular en penumbra, únicamente
iluminada por la luz que penetra, de derecha a izquierda, a través
de la primera de las cuatro ventanas visibles en el muro; en la pared
del fondo, por debajo de dos grandes cuadros oscuros, aparecen dos
puertas, la izquierda cerrada, la derecha abierta hacia una escalera
llena de luz gracias a la que entra desde otra ventana, invisible;
contra la pared blanca se recorta una figura de hombre -quizá
el aposentador de la reina don José Nieto y Velázquez-
que parece esperar, volviendo su mirada hacia el espectador mientras
sostiene una cortina. Entre las citadas puertas, por encima de un
velador, cuelga un espejo en el que aparece la imagen de Felipe IV
y Mariana de Austria por debajo de una roja cortina de representación.
Al otro extremo del cuadro, a la izquierda, reduplicando en su marco
la "luz" de la ventana de la derecha, surge parcialmente el reverso,
con su bastidor y apoyado en un caballete, de un enorme lienzo; su
cara queda misteriosamente oculta a nuestros ojos, aunque hacia ella
el pintor Velázquez vuelva su rostro, aunque no su mirada que
la dirige hacia el espectador. Con la paleta y el tiento en una mano
y el pincel en la derecha, el artista se ha alejado de la tela como
para poder contemplar mejor el efecto de sus pinceladas. Entre el
lienzo oculto y el artista, una primera menina de la reina, doña
María Agustina Sarmiento, vestida de terciopelo azul verdoso,
se arrodilla solícita ante la Infanta Margarita; le ofrece
un búcaro de barro sobre una bandeja plateada, que la niña
recoge con su mano derecha.
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La rubia Infanta, vestida de seda blanca y con adornos rojos, vuelve
su rostro ligeramente hacia su izquierda, aunque sus ojos se fijan
hacia un punto situado delante de ella, fuera del cuadro.
Más a la derecha, casi a contraluz e inclinándose levemente
en señal de respeto, aparece una segunda menina, doña
Isabel de Velasco, vestida de satén gris, con sus ojos nuevamente
vueltos hacia nosotros. Cierran la composición la enjoyada
enana Maribárbola, la mano izquierda sobre el pecho, con un
elegante traje de terciopelo azul, y el enano y ayuda de cámara
del rey Nicolasito Pertusato, de perfil y vestido de rojo, en actitud
de pisar juguetonamente a un gran mastín adormilado, tumbado
sobre el pavimento ocre. |
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