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CRISTALES, Roto. Hecho pedazos. Destruído. Demolido para siempre. Ido. Nada.9:30 de la mañana: “Un señor de 85 años estrangula a su mujer y acto seguido se pega un tiro en la sien”. La señora de la casa deja caer sin querer un vaso de cristal al suelo. Nada que ver con la noticia rutinaria en plena cubierta del periódico. El pan nuestro de cada día. Y la vida sigue. Vete a hacer la compra. Cocina el almuerzo, la cena, o hasta prepara el desayuno mientras pasas las páginas de tu diario, así, a modo de pasatiempo mientras se calienta el agua de la ducha. Mientras se hacen las tostadas de un pan más importante que el pan nuestro de cada día. Mientras la humanidad sigue proporcionando noticias de primera página. Mientras se derrumba North Hall y se construye un nuevo edificio. Mientras te debates entre una carrera de Informática y otra de Economía. Mientras los Cranberries cantan la guerra de Bosnia y Muñoz Molina publica un nuevo libro y ¿qué más da? ¿Qué más da uno menos que uno más? Mientras, mientras... ¿Dónde esta el poema, a dónde ha ido a parar el verso de la vida? El cristal. La culpa de todo la tiene el cristal. El mismo cayó sin ninguna causa noble. Y a modo de casualidad, creí en una sensibilidad desconocida. Falsa. Despiadada. Y “el príncipe de Asturias tiene una relación amorosa con Menganita” sí hace caer cristales, y “Rociíto vuelve a pelearse con su exmarido” provoca derrames de vidrios y sus líquidos. Y una operación de cirugía estética de Sara Montiel o Ana Obregón merece vajillas de porcelana. [otro caso de estrangulamiento en plena luz del día] Y tú y yo sentados frente a una computadora pensando, meditando, barajando las posibilidades de que los cristales machacados tengan redención alguna. Cristales... ¡Cristales, cristales para la prensa rosa!
1991: la guerra empieza en Yugoslavia [y mañana tienes un examen de
historia]. Tres años más tarde: guerra civil y genocidio en Ruanda
[y Kurtz maneja tácticas diferentes tratando de convencer a su padre
para que le compre su consola de videojuegos favorita]. 1995: masacre
serbia de Muslims en Srbenica [y Sara Sad llora desconsolada porque
su novio la ha dejado. Cada una de sus lágrimas un anuncio del fin
del mundo]. Cientos de africanos siguen muriendo todos los días (una
patera rumbo norte como único testigo). Al menos, otro centenar de
mujeres se prostituye en Cuba por el equivalente a una décima de respiro.Y
así es la vida. Y la vida sigue. Y me siento frente a la gran pantalla
cambiando de canal intermitentemente (tv1,
tv2, antena 3, canal + -o canal plus-, tele 5, canal sur si vives
en Andalucía). Unicamente encuentro cristales opacos. Apago la
tele. Me voy al cine y veo una comedia. Suelto
algunas carcajadas frente algunas escenas... ¿Y qué si la carcajada
fuera sólo una excusa enemiga del noticiero? ¿Y qué si las palomitas
formaran parte de mi propio camuflaje? ¿Qué pasa si la verdad de los
cristales reside en el secreto de una tarde a solas en una playa de
la costa pacífica? Nos estamos matando todos los días, mil, diez mil,
tropecientas mil veces
cuando cada uno de los cristales del caleidoscopio por donde miro
me dice que en su fragilidad, sólo somos eso: cristales...
PD: ¿Y qué, y qué si todo esto es una conversación estúpida de un teléfono móvil? ã Cristina Sánchez. Julio 2001.
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